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15 Diciembre 2011

LOS AGOTES

Los llamados agotes o cagotes, cuyos primeros indicios se hallan en documentos del siglo XIII, vivieron en los valles de los Pirineos durante seis siglos como una raza o comunidad diferente, discriminada por todos los pueblos de alrededor. Las hipótesis sobre el origen de su mala fama son diversas. Para unos descendían de los leprosos y por eso se les discriminaba, por miedo al contagio. Para otros eran descendientes de los godos, por su piel blanca y pelo rubio. Como gran distintivo físico de los agotes, se decía que no tenían lóbulo o que lo tenían pegado a la oreja. Fuera el motivo que fuera, también se baraja que la exclusión podría haber sido por motivos económicos. Y más en el Valle de Baztan, donde se instalaron y dieron forma al barrio de Bozate en Arizkun, pues querían obtener los derechos vecinales y la hidalguía a lo que los vecinos del Valle se oponían al no cumplir los agotes los requisitos de ser un lugareño o tener una sangre pura. Eran, por lo tanto, una gente absolutamente discriminada y sin apenas derechos. No se les permitía labrar las tierras comunales, no podían utilizar el molino, tenían puertas exclusivas en las iglesias llamadas "Agote Ateak" y siempre tenían que sentarse en las filas traseras en las mismas.En la iglesia de Arizkun una verja los  separaba del resto.Existe actualmente.

o podian cultivar la tierra, ni criar ganado, no podian andar descalzos bajo pena de abraserles las plantas de los pies con un hierro candente, ya que se decia que todo lo que tocabán se contaminaba (de ahi que fuera relativamente corriente que los agotes cojearan). No podian acudir a bailes y fiestas

Hacian también tornillos de prensa, carrocerias, bancos, la parte mecánica de los molinos, elevaron campanas, construyeron naves e hicieron puentes. También hacian las sogas para los ahorcamientos y la gente no agote no querian ser carpinteros por temor a ser confundidos con ellos. No eran pues siervos, gozaban de la protección de la iglesia y de una libertad en términos muy restringidos. Estaban libres de perchas, pero también de derechos vecinales

Algunos autores suponen que los agotes al realizar trabajos manuales de carpinteria y canteria serian los constructores de muchas iglesias y fortalezas regidas por los templarios, ya que según estos al ser un pueblo maldito y excluido los agotes no hablaban y los conocimientos iniciaticos pasaban de padres a hijos en el mayor secreto. La orden del Temple fue la única orden que tenía una cierta relación con los agotes. hereditarios de lepra moral con lo que eso implicaba. cuerdan al gitano".

Para sobrevivir de alguna manera, los agotes únicamente podían desempeñar labores de borreros o carpinteros (al ser la madera una nefasta conductora de enfermedades) pero más tarde también ejercieron como albañiles, artesanos o músicos. Y de hecho debían de ser muy buenos en los trabajos manuales pues no hay más que ver que arquitectura tan bella consiguieron levantar en Bozate con sus características casas. Se movían según las condiciones se iban endureciendo en el lugar en el que estaban. con el paso de los años y de los siglos, las condiciones fueron suavizándose y los agotes poco a poco fueron asentándose allá por donde estaban, como en Baztan, y recibieron bulas papales por los que se les consideraba iguales a los vecinos y moradores de segunda como venían siéndolo hasta entonces. En Bozate todavía a principios del siglo XX eran tratados como una comunidad especial, aunque hoy en día ya estén totalmente integrados.

Causas de la exclusión
Las causas de esta exclusión hay que buscarlas en el prejuicio e ignorancia del pueblo. Al agote no se le discriminaba por no ser cristiano o por su pertenencia a una etnia distinta, sino, según la opinión popular de aquella época, por ser portadores del pecado original y de llevar consigo la mala sangre que les venía de herencia.

Alizia Stürtze teme que los verdaderos motivos de la discriminación eran económicos. Durante siglos, los agotes lucharon por obtener los derechos vecinales y la hidalguía, mas los habitantes de Baztan y Roncal se opusieron a su concesión. En palabras de la historiadora, "la Euskal Herria de las montañas era pobre, y debido al régimen del mayorazgo, los bienes de los caseríos se destinaban a un sólo hijo. Ni siquiera había lugar para los de fuera. Ante tal situación, se solían aprovechar de los agotes, pero sin reconocerles derechos vecinales".

Para poder obtener estos derechos, era necesario cumplir una serie de requisitos, tales como ser lugareño y demostrar la pureza de la sangre, unidos a ciertos factores externos como por ejemplo poseer una casa de piedra, con tejado o un escudo. Con el objeto de obtener esta serie de derechos, los agotes pelearon durante siglos, moviéndose de un lado para otro en busca de su verdadero origen. Con el paso del tiempo empezaron a construir casas de piedra, dado que los fueros disponían la obligatoriedad de poseer una casa de piedra para poder ser titular de derechos de vecindad, cláusula ésta que provocaba un incremento de las luchas y juicios.

Negación de los derechos
Los agotes, por lo tanto, eran gente absolutamente discriminada y sin apenas derechos; de hecho, no se les permitía ni labrar tierras comunes ni utilizar el molino. La gente eludía todo contacto con los agotes, temerosa de contraer enfermedades o maldiciones. Prueba de esta discriminación es la puerta lateral o "Agoten Athea" de las iglesias de Navarra, destinada exclusivamente a los agotes, y la obligatoriedad de situarse en las últimas filas, disponiendo además de pilas bautismales especiales, en defecto de las cuales recibían el agua bendita a través de un palo.

La historiadora donostiarra nos explica que "todo lo que tocaban los agotes se consideraba envenenado, de modo que en caso de tener ganado o trabajar la tierra, no podían vender sus productos. Si sorprendían a un agote descalzo, le quemaban las plantas de los pies con hierro candente, que era lo que la ley establecía. Tampoco podían participar en los bailes populares, y durante mucho tiempo tuvieron prohibido casarse con vascos".

Intereses económicos propiciaron que a lo largo de los valles pirenaicos se difundieran muchas supersticiones que poco a poco fueron definiendo un estereotipo de estas personas, justificando así su exclusión: rubios, de ojos claros, piel blanquecina y llena de manchas y con el lóbulo de la oreja pegado, estereotipo que con motivo de la endogamia se iba acentuando, dada la interdicción que pesaba sobre ellos de no relacionarse con el resto de la gente. Se decía asimismo que su sangre era más caliente, y que al poco de sostener una manzana en sus manos, enseguida se arrugaba.

Las profesiones de los agotes
Dado el riesgo de contagio, las profesiones a las que los agotes podían dedicarse eran restringidas; en un principio sólo podían ser borreros o carpinteros, al ser la madera una nefasta conductora de enfermedades, y más adelante ejercerían también como músicos, albañiles y artesanos.

Los caciques feudales, aprovechando esta discriminación, empleaban a los agotes como jopus para así presionar al pueblo y conservar los derechos feudales. Stürtze indica que en el siglo XIV los Ursua, de Arizkun, ofrecieron protección y tierras a los agotes fugitivos de Bozate, quienes en compensación de dicha protección y disfrutes (permiso para pescar, para utilizar los bosques...) estaban obligados a ejercer de criados y a pagar elevados impuestos.

La integración de los agotes
A medida que las medidas contra los agotes se iban endureciendo, éstos se movían de un lado a otro. En cuanto las condiciones de vida se agravaban en la zona de Biarno, se desplazaban hacia el Roncal, de Baigorri a Baztan, y viceversa. Con este ir y venir algunos de ellos lograron integrarse en la sociedad vasca, mientras que otros muchos emigraron a América en el siglo XIX, afincándose los que regresaban en la zona de Elizondo.


El pueblo de Bozate.

Con la paulatina decadencia de la economía del Antiguo Régimen, las tierras comunales se fueron vendiendo y privatizando, y una vez desaparecidos los derechos vecinales la marginación dejó de tener sentido.

No obstante, sigue habiendo vestigios de los agotes, puesto que, dada su endogamia, hay unos cuantos apellidos que se repiten con frecuencia, siendo éste el caso de Bidegain, Errotaberea, Zaldua y Maistruarena. Hasta comienzos del siglo XX los agotes vivieron en Bozate como si de una comunidad especial se tratara, y, aunque hoy en día ya están integrados, a la gente de Arizkun no le agrada referirse a los agotes.

El 27 de Diciembre de 1817 las Cortes de Navarra acordaron suprimir todas las medidas discriminatorias, aunque algunas perdurarían hasta entrado el siglo XX.

ermita de la antigua,Zumárraga.

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